dimarts, de juny 12

Second Life: primeras contradicciones

Ayer tuve un encuentro con el Profesor Korobase quien me llevó a una exposición de sus cuadros (que están a la venta). Me costó aprender a subir y bajar plantas. Pero poco a poco voy adquiriendo habilidad para caminar sin chocarme con las paredes ni sentarme sobre las mesas.
Después de esta visita lúdica, me teletransportó a un campus educativo ¡pero qué campus!. Una sala de presentaciones y conferencias, posibilidad de podscasting, vídeos...

No obstante mis sentimientos entusiastas hacia este entorno, estoy deseando ver la interacción real en la virtualidad: o sea, una actividad con varios residentes activos.

De refilón vi en una pantalla el anuncio de un curso de SL para principiantes por 99 euros.

Mi parte más contestataria empieza a aflorar. Entro al espacio latino y me apunto a uno gratuito que empiezo el jueves por la noche y que dan unos jóvenes instructores voluntarios. En el mismo lugar se oferta un curso de confección de ropa y otro de ebanistería.
Como soy una pura inmigrante, ya he visto que hay un circuito de scripts gratuitos (un mobiliario básico, pero útil) para armar mi taller literario (mi modesto y pequeño objetivo).

Me siento una indigente. El consumo es monstruoso. Casi todo se paga. Encontrar unos metros cuadrados gratis o solidarios es un imposible. Los que no quieren o no pueden gastar pueden optar por el alquiler de salas en grandes edificios con servicios comunes. Insisto en que debo investigar los canales alternativos. Esta Otra Internet tiene que ser para todos. Empezando por liberar el código.

Harta de tanta soledad y desencanto ideológico, me fui a la Plaça Reial (gràcies per la referència, Ramon). Avatares con piercings i crestas, parejas con sus hijos, residentes de paso...

Por suerte encuentro un bar casi vacío. Consigo sentarme y me tomo tiempo para pensar. La soledad y el anonimato alimentan mi fastidio y desconfianza. No sé si es por las mesas iguales y redondas del bar, el gesto aburrido del barman o la gente bailando en la pista... pero empiezo a sentir la inutilidad de todo. Ojeo mi agenda para ver dónde me puedo teletransportar para seguir aprendiendo. ¡Es tan grande este mundo y tan difícil encontrar las puertas!

De la tristeza a la rabia, de la rabia a la burla. El humor siempre salva.
Mañana vuelvo: conquistaré un lugar en este mundo.

Referencias críticas:

Teletranspórtate hasta mi mesa en el bar de la Plaça Reial (mi precario hogar)

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