diumenge, de setembre 21

Dura la pobreza...

Es dura la pobreza... Cuando era chica, en mis vacaciones en La Riestra se me hacían evidentes los casos de extrema necesidad. Esos detalles que delatan el hambre ("-Deme 2 pesos de mortadela y un peso de kerosén", y mi tía en el boliche afilando el cuchillo para tajear la delgada rodajita... para muchos. Luego, se agachaba para embocarle al embudo en la botella que iluminaría tan magra cena)

Por eso hoy traigo este cuento de Juan José Morosoli (escritor uruguayo, 1989) : El velatorio


BENTOS había terminado la jornada. Tomaba unos mates, tranquilo, sentado sobre un tronco cuando llegó la policía. Venía a mata caballo con el aviso del comisario. Mandaba decir éste que fuera al pueblo enseguida.

-Qué pasa? -preguntó Bentos.
-Parece que un hijo suyo "es" muerto.
Bentos ensilló en seguida y partió.

Si quieres leer todo el cuento completo, haz clic aquí.

dijous, de setembre 18

Alegría sin límites


Dos alegrías en el día de hoy:

1. Mi alumno Said me trajo un llavero de Casablanca. Mi alumno Said es lo que llaman algunos economistas "un ninja", aquel que quedó atrapado en la compra de un piso en el que nunca pudo vivir, debe alquilar por un importe menor que la hipoteca; tampoco lo puede vender porque debe más que el valor de mercado de su piso.

2. En el tren me encontré con un suplemento llamado Crisis, ahí me enteré de este vídeo. Como comunicador, Enric deja un poco que desear (voz monocorde, tono aburrido), pero como activista... ¡chapeau!
¡Sólo se distribuyeron 200.000 ejemplares en una edición única! Yo tengo uno.

El ejemplar de Crisis que se distribuyó hoy (PDF)
En castellano.

Taller de escritura creativa

Preparo un módulo para el GES: Taller de escritura creativa. Mientras tanto pienso en un taller para profesores sobre escritura, escribir, como dijo Irene M. "ja has llegit prou, ara és l'hora d'escriure". Y yo digo: para nadie, para todos, para ti. O como un oficio secreto y misterioso.

Releo una entrevista a Víctor:

“La función del escritor es contar historias, desarrollar el lenguaje, recrear las palabras y volverlas a poner en circulación. Pero si además de eso el escritor quiere jugar un papel en la sociedad, debe hacerlo. La gracia de la vida consiste en involucrarse en todo lo que pasa. El oficio literario es el secreto, el misterio, lo que cada uno hace en la soledad más absoluta, es encontrarle nuevos sentidos a la realidad, es poder expresar lo que mucha gente siente pero no le encuentra nombre, es luchar para que el lenguaje, que está siendo reducido por el capitalismo a meras consignas, vuelva a tener riqueza, para que la juventud que maneja ochocientas palabras pueda tener mejores maneras de hablar y de entenderse”.
Víctor Redondo - poeta, Buenos Aires, 1953